jueves, 15 de noviembre de 2018

BARI, por Mariví Verdú



Mi corazón en Bari.


No hubo más tiempo que un leve atardecer.
Tan eterno y preciso fue mi encuentro con Bari:
amarla, idealizarla, intuirla sencilla,
finamente grandiosa como el canto de un pájaro
y entregarme a su sombra.
Todo fue presentido en noches de nostalgia
cuando el pecho dolía por la palabra amor,
cuando un sueño volaba sobre el cielo infinito.
Oh delicado corazón de Doménico,
flor de la melodía en días de arco iris...
Cuánto lloraban las niñas guitarras
con la voz dulce y cavernosa de Nicola
que teñía de azul la cara gris del mundo...

Oh Bari, oh música marítima,
oh, reliquia del aire,
del mar, del cielo claro:
un silencio de luz rueda por tu llanura.
Desde tus bellas torres y alminares
no me dijiste adiós sino hasta siempre
susurrándome amores al oído.

Mariví Verdú
1 de julio de 2018

miércoles, 14 de noviembre de 2018

SER MUJER ES COMO SERLO TODO, de Mariví Verdú

El ser mujer es como serlo todo,
hasta ser invisible muchas veces...
es dar la vida mientras envejeces
y estar feliz así: de cualquier modo.

Sirviendo a la familia y sobre todo
estar compuesta siempre que apareces,
-la sociedad rebosa de sandeces
exigiendo lucir sobre su lodo-.

Siempre fuimos sostén de nuestra casa,
sin hora de empezar ni dar de mano,
enfermeras de guardia, economistas,

un reloj que adelanta igual que atrasa
para ofrecer un esfuerzo sobrehumano
mientras tengas salud, mientras resistas. 
   
M. Verdú 25-1-2018

jueves, 1 de noviembre de 2018

SIEMBRA VIOLETAS, por Mariví Verdú

Cuando sientas que la vida se te va,
siembra violetas.
Cuando la tarde desfallezca temprano
y arda en el monte,
del sol, la despedida,
abre un surco en la tierra
y déjate caer como simiente.
Cuando renazcas,
ya con vida o en ella,
ya fueras tú, con voz y pensamientos,
o hubieras trascendido al ciclo verde,
sé pájaro, sé flor, sé tu palabra
y déjate vivir agradecida.

Mariví Verdú, 20 de agosto de 2018

jueves, 2 de agosto de 2018

MALAGUEÑA (Desde la albura)


Hace un año que tomé esta foto. Fue un regalo, como todos los amaneceres que vivo y disfruto desde este altozano. La paloma descansa en el farol de mi casa mientras observa, como yo, la salida del sol que hace todo lo demás, o sea, poesía pura, luz y sombra.

Yo no sé como sería
mi vida de no haber sido
la paloma mal herida
que nunca encontró su nido
y siempre anduvo perdida.

La malagueña la escribí hace cinco años. Vigente, claro está, hasta que no se demuestre lo contrario.
* A mis amigos, especialmente a los de Mar del Plata: Fabián y Gisela.

sábado, 28 de julio de 2018

HOY QUIERO SER ALMENDRO, de Mariví Verdú

Porque me necesito
hay veces que me pierdo
en mitad de la historia
y me retiro al huerto.
Tengo pocos olivos
y muchos sufrimientos
que, con pensar un poco,
me salen al encuentro.
Me hace falta estar sola,
apenas con mi cuerpo
y este espíritu mío
al que voy conociendo.
Sesenta y cinco años
llevamos discutiendo.
A veces sin hablarnos,
llegamos a un acuerdo
siempre tras de un desastre
con el amor por medio:
razón y corazón
llegan a poco arreglo.
Y así, por temporadas,
quitándome de en medio
doy tregua a los disgustos
que entre los dos mantengo.

¿Quién podrá castigarme
por mirar hacia dentro,
por buscar en la honda
tristeza de mi pecho
algún rastro que diga
que soy yo, que no he muerto,
que es la misma persona
que vivía entre versos?
la que se condolía
con el dolor ajeno
como si fuera propio
y sintiera en sus huesos
la carga de la vida
lastrando los recuerdos.
Aquella que era antes
no sé si sigo siendo:
memoria, risa y llanto
que persiste en el tiempo.
Por todo lo que he sido
hoy quiero ser almendro
y quedarme entre pájaros
escuchando el silencio.

28 de julio de 2018,  Mariví Verdú

lunes, 2 de julio de 2018

NUNCA MIS PIES PISARÁN ÍTACA, de Mariví Verdú

Fue una tarde
del tiempo azul de julio.

Con los brazos abiertos
me eché al aire, desnuda, desarmada,
invocando a la tierra
y al cielo luminoso,
con mi media docena de sentidos,
a Ponto, abandonados.
Hecha toda al latido del silencio,
voluntad de vivir sola entre lágrimas,
volé sufriendo y me encontré un presente:
el sol cayendo al agua
de la sabiduría.
Cegadora la luz de Kefalonia
y la sangre de Ulises
y el perfume de oro de Kavafis.
Todo pasó sin más mientras Apolo
me enseñaba los ojos de la noche
bajo el arco de plata.
Prisionera de amor,
luna de Argostoli,
divisando la aurora, fin dichoso,
solitario camino de la vida...
Nunca mis pies pisaran Itaca
pero estuve tan cerca...




 Mariví Verdú, casi rozando Ítaca.